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Aprobación de la Iglesia

A los 13 años de la última aparición, el 13 de octubre de 1930, el primer obispo de Leiría, Mons. José Alves Correia da Silva, declara que son dignas de fe las apariciones de la Santísima Virgen a los tres pastorcitos en el año de 1917, y autoriza el culto a Nuestra Señora de Fátima.

PIO XII
En 1942, en el primer jubileo de las apariciones, responde al deseo de Nuestra Señora y consagra el mundo a su Inmaculado Corazón. En 1946, designa al cardenal Aloisi Masella, que vaya a Fátima delegado suyo para que corone en su nombre a la “Reina de Portugal y del Mundo”. En 1951 dispone se celebran enFátima las solemnidades de la clausura del Año Santo mundial. En 1952, consagra Rusia al Inmaculado Corazón de María.

PABLO VI
En 1967, a cincuenta años de las apariciones, renueva la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, visita Fátima y presenta la Hermana Lucía a la inmensa multitud de personas ahí reunidas.

JUAN PABLO II
En 1982, visita Fátima y renueva la Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, declara que el Mensaje de Fátima es más actual y más urgente ahora, que en 1917. En 1984, repite este acto colegial en Roma, ante la Imagen de Nuestra Señora de Fátima, que pide se le envíe desde Fátima. En 1991, visita por segunda vez Fátima. Va a darle gracias a la Virgen por haberle salvado la vida 10 años atrás y, muy especialmente, por haber estado al pié de la Cruz y aceptarnos ahí como hijos. También le pide que guíe el peregrinar de los hombres hacia Dios.

BENEDICTO XVI
En 2010, visita Fátima donde confía y consagra al Corazón Inmaculado de María, verdadero modelo de discípula del Señor, a los sacerdotes de todo el mundo. En la gran explanada ante el Santuario, participó en la sugestiva procesión de las velas. Fue una estupenda manifestación de fe en Dios y de devoción a Nuestra Madre, expresadas con el rezo del Santo Rosario. Esta oración tan querida del pueblo cristiano que encontró en Fátima un centro propulsor para toda la Iglesia y el mundo. La “Blanca Señora”, en la aparición del 13 de junio, dijo a los tres Pastorcitos: “Quiero que recen el Rosario todos los días”. Podríamos decir que Fátima y el Rosario son casi un sinónimo. Invitó a la inmensa asamblea reunida, con gran amor y devoción, a los pies de la Virgen a alegrarse plenamente en el Señor (cfr. Is 61, 10), porque su amor misericordioso, que acompaña nuestra peregrinación sobre esta tierra, es la fuente de nuestra gran esperanza. Y precisamente de esperanza está lleno el mensaje comprometido y al mismo tiempo consolador que la Virgen dejó en Fátima. Es un mensaje centrado en la oración, en la penitencia y en la conversión, que se proyecta más allá de las amenazas, los peligros y los horrores de la historia, para invitar al hombre a tener confianza en la acción de Dios, a cultivar la gran Esperanza, a hacer experiencia de la gracia del Señor para enamorarse de Él, fuente del amor y de la paz.

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